martes, 15 de enero de 2013

UN EXPERIMENTO



Una mañana cualquiera, un joven baja las escaleras del metro de Nueva York,  viste unos vaqueros y una camiseta, lleva un maletín del que saca un violín y se pone a tocar, son piezas clásicas, lo hace de un modo magistral.              

La multitud que pasa a su lado no se da cuenta, son personas que  andan ligero, la mayor parte con el pocillo de café en una mano o el móvil en el oido, algunos se paran unos segundos y siguen su camino, otros le tiran una moneda. El joven toca durante casi una hora y puede decirse que es prácticamente ignorado.

Nadie sabe que el músico es Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, tocando con un instrumento fabuloso, un Stradivarius  del año 1713 y valorado en más de tres millones de dólares. Algunos dias antes Bell había tocado en el Symphony Hall, de Boston, pagándose las entradas a mil dolares.


Este fue un experimento lanzado por el prestigioso periódico Wahsington Post, para estudiar el comportamiento de la gente ante un acontecimiento excepcional , fuera de contexto y lanzar un debate sobre el valor de las cosas. 

La conclusión es que estamos acostumbrados a dar valor a las cosas, cuando están en un contexto, Bell en el metro era como una obra de arte sin marco, un artefacto de lujo sin etiqueta del diseñador.

Tantas cosas que pasan en nuestras vidas únicas e irrepetibles y no le damos importancia porque no vienen con la etiqueta de precio, no se compran.

Tenemos que aprender a valorar lo que no tiene precio, lo que no se compra : 

No se compra, la amistad, el amor, el afecto.  
No se compra el rayo de sol ni las gotas de lluvia.
La canción del viento silbando entre los árboles es gratis.
El niño que corre a nuestro encuentro y nos abraza con sus bracitos, no tiene precio.
El collar que forman sus brazos en nuestro cuello no se compra en ninguna joyería.
El aire que respiramos, la brisa que enreda nuestros cabellos, el verde de los árboles y el colorido de las flores todo es gratuito.


Disfrutemos de todo lo que está a nuestro alcance, sin etiquetas.    

2 comentarios:

Cecilia dijo...

Había oido hablar de ese experimento y me habia llamado mucho la atención. Preciosas las conclusiones que se pueden sacar con ese motivo, no había caido en eso.
Un abrazo

Remedios dijo...

Como ves, Cecilia, estamos tan acostumbradas a pagar por las cosas que si nos las encontramos gratis no sabemos darle la importancia que tienen,y no nos paramos a pensar que las mejores cosas no hay dinero que las pague : el amor sincero, la amistad, el cariño, el sol que nos alumbra y tantas y tantas cosas...Me alegro que lo entiendas así.
Un abrazo

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