lunes, 2 de febrero de 2015

EL ROBLE Y LA HIEDRA












Un hombre que había construido su propia casa para él y su familia. Estaban tan contentos con su nueva casa que decidieron hacer alrededor de la casa un jardín  un jardín que pronsto se convirtió en un remanso de paz para los mayores y un lugar ideal para los juegos de los pequeños. En el medio del jardín plantaron un roble y cerca del muro que lo rodeaba pusieron una hiedra.
El roble crecía lentamente y sus raices, día tras día, se hacían más profundas y su tronco iba estirándose para atrapa la luz.

La hiedra por su parte, crecía rapidamente y pronto sus ramas y hojas fuero cubriendo el muro hasta llegar al mismo borde de la pared de piedra.





"¿Como estás, amigo roble?" le preguntó un día la hiedra. 
"Bien, amiga mía"
"¡Bah! eso es lo que me respondes porque no ves el mundo como yo, desde las alturas, a veces siento pena viéndote ahí hundido en el fondo del jardín", comentó la hiedra que no podía disimular su aire de superioridad.

"No te burles de mí, recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino hacerlo con firmeza", respondió humildemente el roble.

La hiedra soltó una carcajada y siguió creciendo deprisa mientras que el roble tardó años en desarrollarse. Hasta que una noche descargó una fuerta tormenta que arrasó el jardín. Al amanecer, la hiedra se encontraba en el suelo mezclada con los restos del muro que se había derrumbado en cambio había aguantando el temporal permaneciendo erguido y sólo algunas hojas suyas habían sido arrancadas.

Esto nos lleva a reflexionar : Es mejor crecer fuerte sobre tus propias raices, que ganar altura rapidamente pero dependiendo de la seguridad de los demás.

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